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N. Krylova (Rusia)



Alusiones bíblicas en la literatura y en el periodismo
Среди наиболее известных в истории человечества книг Библия занимает особое место. Будучи переведенной полностью или частично на 1800 языков мира, она оказала огромное влияние на развитие культуры в христианском мире. Темой данного выступления являются библейские аналогии в романе колумбийского писателя Габриэля Гарсии Маркеса «Сто лет одиночества», за который ему в 1982г. Была присуждена Нобелевская премия. «Сто лет одиночества» Г.Г. Маркеса изучается студентами 3 курса МГИМО (У) на занятиях по домашнему чтению, поэтому анализ данного произведения с этой точки зрения поможет студентам понять и усвоить его содержание. Кроме того библейские аллюзии широко используются в современной периодической печати. В выступлении на примере статей из испанской газеты «Эль Паис» показывается актуальность изучения этой проблемы.
Entre los libros más representativos y conocidos de la historia de la humanidad es muy probable que la Biblia obtuviera un puesto muy destacado. Traducida a múltiples lenguas fue uno de los primeros libros que entró en la galaxia de Gutenberg.

La fecundidad cultural de la Biblia radica en que el misterio de la vida y de la muerte, de la felicidad y del sufrimiento, las ansias de liberación personal y social, la pregunta por el más allá y tantos otros sentimientos de la experiencia humana han encontrado y encuentran resonancia en personajes como Adán y Eva, Moisés, Judit, Jesús de Nazaret y en cualquiera de los múltiples relatos contenidos en esa inmensa bibliteca que es la Biblia, ya sean en forma de epopeya, épica, poesía, drama, testimonio o narración novelada. Por eso, a lo largo de los últimos veinte siglos, el mundo de los grandes referentes bíblicos se ha hecho presente en la cultura, porque muchos encuentran en los relatos y en los personajes bíblicos la resonancia de su experiencia vital. La Biblia es una obra fundamental en su formación literaria y humanística porque en sus páginas todo es posible y pasan cosas fantásticas.

En este sentido las obras de Gabriel García Márquez es una viva plasmación de las conexiones existentes entre sus personajes, acontecimientos, lugares y el mundo mítico dibujado en la Biblia.

Ahora bien, tomando en consideración el carácter limitado de la ponencia, quisiera analizar desde este punto de vista una de las obras más conocidas y leídas de Gabriel García Márquez “Cien años de soledad”. En ningún caso hay pretensión de un análisis exhausto, se trata simplemente de una serie de apuntes que ilustran algunos ejemplos de la notable influencia del texto bíblico sobre la obra.

Con la fundación mítica de Macondo en “Cien años de soledad” se da tratamiento literario a algunos de los arquetipos míticos más importantes procedentes de la tradición veterotestamentaria.

Así, por ejemplo, Macondo ha sido relacionado con la Arcadia clásica, con la utopía renacentista y con el Paraíso Terrenal : ”Era en verdad una aldea feliz donde nadie era mayor de treinta años y donde nadie había muerto” (Gabriel García Márquez “Cien años de soledad” Editorial Suramericana, Buenos Aires, 1968, pág.16). De esta forma José Arcadio Buendía puede equipararse a Moisés, el gran patriarca bíblico que condujo a su pueblo hasta la tierra prometida, y a Jacob, quien fundó Bethel siguiendo un sueño premonitorio (Génesis, 28:10-19), tal y como hará más tarde el fundador de Macondo.

Aunque al comienzo de la novela Macondo es anunciado como “la tierra que nadie les había prometido”, finalmente descubrimos que es un pueblo fundado por la palabra. El texto de “Cien años de soledad” dice así: “José Arcadio Buendía soñó esa noche con casas de paredes de espejo. Preguntó qué ciudad era aquella y le contestaron con un nombre que nunca había oído, que no tenía significado alguno, pero que tuvo en el sueño una resonancia sobrenatural: Macondo. Al día siguiente convenció a sus hombres de que nunca encontrarían el mar. Les ordenó derribar los árboles para hacer un claro junto al río, en el lugar más fresco de la orilla, y allí fundaron la aldea” (Edición ya citada, pág. 28).

La saga de los Buendía es análoga a otras historias familiares que pueden encontrarse en el Antiguo Testamento. La familia Buendía conoce el nacimiento de un nuevo mundo, creado a “imagen y semejanza” de su patriarca, José Arcadio Buendía: “ Al principio, José Arcadio Buendía era una especie de patriarca juvenil, que daba instrucciones para la siembra y consejos para la crianza de niños y animales, y colaboraba con todos, aún en el trabajo físico, para la buena marcha de la comunidad. Puesto que su casa fue desde el primer momento la mejor de la aldea, las otras fueron arregladas a su imagen y semejanza.” (Idem, pág. 15)

Esta familia vive la experiencia de padecer numerosas plagas, análogas a las plagas del Apocalipsis de San Juan, que acaban poniendo punto y final al mundo macondiano.

Desde el nacimiento de Macondo hasta su final encontramos numerosos pasajes y motivo literarios que mantienen una extraordinaria analogía con la Biblia. Así, al igual que Noé y su familia (Génesis, 7:4), los Buendía y el resto de los habitantes de Macondo viven un diluvio universal que se prolonga durante “cuatro años, once meses y dos días” (Op.cit.,pág.267).

En el plano simbólico estas lluvias torrenciales purifican los pecados acumulados por sus habitantes durante las actividades económicas de la compañía bananera. “Macondo estaba en ruinas. …Las casas paradas con tanta urgencia durante la fiebre del banano, habían sido abandonadas. La compañía bananera desmanteló sus instalaciones. De la antigua ciudad alambrada sólo quedaban los escombros. Las casas de madera, las frescas terrazas donde transcurrían las serenas tardes de naipes, parecían arrasadas por una anticipación del viento profético que años después había de borrar a Macondo de la faz de la tierra” (Op.citada, pág.280).

Sin embargo esa lluvia universal a pesar de borrar el pecado de la tierra no logra quitar el olor a pólvora de la vieja tumba de José Arcadio.

La levitación de Remedios la bella envuelta en una sábana blanca ha sido interpretada en clave mítica como la ascensón de la Virgen María al Cielo.

También las cruces de ceniza indelebles con que salen de misa los diecisiete hijos del coronel Aureliano Buendía durante un miércoles son en sí una reescritura del Génesis (4:15). Pero a diferencia de la cruz puesta por Jahvé a Caín para señalarle entre todos los hombres y salvaguardarlo de cualquier daño venidero ( el texto del Génesis (4:15) dice así: “Respondiéndole Jahvé: ’Pues por eso, cualquiera que matare a Caín, lo pagará siete veces’. Y puso Jahvé una señal a Caín para que no lo matara quien lo hallase”), las diecisiete cruces de ceniza funcionan dentro de la novela en sentido inverso: son el reclamo y el señuelo para el exterminio indiscriminado de la familia del coronel.

Este episodio puede relacionarse con la décima plaga mandada por Jahvé a Egipto, según la cual todo primogénito iba a ser exterminado salvo aquellos hebreos que pusiesen en sus casas una señal de sangre (Éxodo: 11-12).

Otro personaje de Márquez es el judío errante. Condenado a vivir y a vagar sin descanso hasta el final de los tiempos por haber golpeado a Jesucristo cuando éste cargaba con la cruz camino del Monte Calvario, encuentra su final en Macondo. La leyenda cuenta que el judío errante debía caminar sin sosiego por todos los países y por todas las épocas para expiar su terrible pecado.

En “Cien años de soledad” la presencia del judío errante provoca, según el padre Antonio Isabel, la enorme ola de calor que hace que los pájaros vayan a morir al interior de las casas. “El domingo de resurrección, el centenario padre Antonio Isabel afirmó en el púlpito que la muerte de los pájaros obedecía a la mala influencia del Judio Errante, que él mismo había visto la noche anterior. Lo describió como un híbrido de macho cabrío cruzado con hembra hereje, una bestia infernal cuyo aliento calcinaba el aire y cuya visita determinaría la concepción de engendros por parte de las casadas. No fueron muchos que prestaron atención a su plática apocalíptica, porque el pueblo estaba convencido de que el parroco desviaba a causa de la edad. Pero una mujer despertó a todos al amanecer del miércoles, porque encontró unas huellas de bípedo de pezuña hendida. Eran tan ciertas e inconfundibles, que quienes fueron a verla no pusieron en duda la existencia de una criatura espantosa semejante a la descrita por el párroco, y se asociaron para montar trampas en sus patios. Fue así como lograron la captura (…) Dos semanas después de la muerte de Úrsula, Petra Cotes y Aureliano Segundo despertaron sobresaltados por un llanto de becerro descomunal que les llegaba del vecindario. Cuando se levantaron, ya un grupo de hombres estaba desensartando al monstruo de las afiladas varas que habían parado en el fondo de una fosa cubierta con hojas secas, y había dejado de berrear. Pesaba como un buey, a pesar de que su estatura no era mayor que la de un adolescente, y de sus heridas manaba una sangre verde y untuosa. Tenía el cuerpo cubierto de una pelambre áspera, plagada de garrapatas menudas, y el pellejo petrificado por una costra de rémora, pero al contrario de la descripción del párroco, sus partes humanas eran más de ángel valetudinario que de hombre, porque las manos eran tersas y hábiles, los ojos grandes y crepusculares, y tenía en los omoplatos los muñones cicatrizados y callosos de unas alas potentes, que debieron ser desbastadas con hachas de labrador. Lo colgaron por los tobillos en un almendro de la plaza, para que se quedara sin verlo, y cuando empezó a pudrirse lo incineraron en una hoguera, porque no se pudo determinar si su naturaleza bastarda era de animal para echar al río o de cristiano para sepultar” (págs. 291-292).

A pesar de que la descripción del judío errante y su muerte en la obra de Márquez nada tiene que ver con la leyenda tradicional se perfila claramente la analogía con el personaje bíblico.

El carácter actual del tema se manifiesta en que las alusiones bíblicas se utilizan para caracterizar hechos, fenómenos y acontecimientos actuales y se usan con frecuencia en los artículos periódisticos, así como en los noticieros televisivos.

De un vivo ejemplo de lo mencionado pueden servir las publicaciones relacionadas con las elecciones en la Comunidad de Madrid. El 25 de mayo de 2003 en España tuvieron lugar las elecciones autónomas. En la Comunidad de Madrid los resultados de los comicios dieron al PP 55 diputados; al PSOE, 47, y a IU,9, lo que hacía perder a los populares la mayoría absoluta y permitía un pacto de legislatura o de gobierno entre los dos partidos de la izquierda madrileña. Los socialistas ya estaban seguros de que ocuparían los puestos del presidente autonómico y el del presidente de la Cámara.

Sin embargo, saltó la sorpresa: los diputados socialistas Eduardo Tamayo y Teresa Sáez se ausentaron de la votación, por lo que en la segunda vuelta y por mayoría simple, resultó elegida presidenta de la Asamblea la diputada del PP.

Para describir el comportamiento de los diputados desertores prácticamente todos los periódicos recurrieron a las alusiones bíblicas, a los personajes y a los episodios bíblicos. A los tránsfugas los nombraban Judas que se vendieron por treinta monedas.

Y el periódico “El País” publicó el 18 de junio de 2003 un artículo titulado “Babilonios” que yo quisiera citarles ahora.

Tomando en cuenta que los lectores ya sabían el móvil de la desertación (han sido sobornados por una compañía de construcción), el autor con gran sarcasmo e ironía escribe lo siguiente :

“… y está escrito en la Biblia, que nos cuenta el ejemplo de Babel y de la torre que edificaron los constructores babilónicos y que se les fue abajo por su soberbia cuando el Supremo y el único Hacedor vio que se le querían subir a las barbas y les castigó con la confusión de las lenguas, una maldición para la humanidad, con las excepciones de las academias de idiomas y de los políticos nacionalistas.

Desde que la Torre de Babel se les cayó encima, los babilonios andan mareados, pues, aunque tuvieron sus momentos de gloria con Nabucodonosor fueron invadidos y arrasados por asirios y persas, por Alejandro Magno y por la familia de los Bush….

Entre metáfora e hipérbole, prodigio y augurio, la Biblia no aclara muchas cosas sobre la enorme parcelación y recalificación de terrenos que tuvo que darse tras el Diluvio Universal, ni ofrece información sobre las empresas que reconstruyeron Sodoma y Gomorra tras la lluvia de fuego.

Los merodeadores por la base de la FSM forman una de las innumerables sectas de constructores surgidas de la diáspora de los constructores babilonios, que se dispersaron ante la persecución de sus conciudadanos indignados porque habían pagado por adelantado sus pisos y apartamentos en la Torre de Babel. … los especuladores por la base veneran también al Gran Arquitecto, practican el secretismo y se sirven de la corrupción para extender el imperio global del ladrillo visto y del dinero fácil.



El que esté libre del pecado que ponga la primera piedra, debería ser el lema que campeara a la puerta de los ayuntamientos y de los organismos autonómicos, donde la actividad de los babilonios es un cáncer que crece urbanizándolo todo a su paso.

… El babilonio Tamayo, el Judas de esta bochornosa función, cobrará sus treinta monedas a noventa días…”

El uso actual del lenguaje bíblico radica en que en algunos países se conservan hasta ahora las costumbres que se arraigan en los tiempos lejanos. En septiembre de 2003 en varios periódicos españoles, así como en la TVE se dieron a conocer las protestas contra la lapidación de Amina Lawal. Esta nigeriana de 30 años ha sido condenada a morir apedreada por un tribunal regional del Estado de Katsina, que se rige por la “saria” coránica, por el delito de mantener relaciones sexuales con un hombre estando divorciada. El fruto de esta relación fue una hija.
Literatura:
1. Diccionario enciclopédico. Espasa Calpe.- Madrid, 1989

2. La Biblia cultural. PPC SM.- Madrid, 1998

3. La Santa Biblia. Antiguo y Nuevo Testamento. Sociedades Bíblicas Unidas. 1960

4. Gabriel García Márquez, “Cien años de soledad”, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1968

5. “El País”, 18 de junio de 2003



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